De nada me sirven las estúpidas caricias, los escasos abrazos, y los insulsos besos que no llevan más que a un esctrecho colchón.
Para nada me interesan los revolcones de media noche sin IVA incluido, ni las miradas cargadas de fuegos artificiales que se apagan antes de llegar al cielo.
Que no quiero que me beses, ni besarte, ni que nos besemos. No soy de las que se dejan besar...
¡Que le vamos a hacer!
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