Sístole // diástolE

viernes, 31 de diciembre de 2010

Como por arte de magia.

De poco sirve ponerse el abrigo de todos los años para fingir que no pasa nada. Que no pasa el tiempo.
¿A done van a parar esas lágrimas que sostienes en las púpilas? me preguntaste, mientras tragaba saliva otra vez, y el aletear de una mariposa en mi estómago hacía de mis tripas un montón de edificios derruidos.
Entre las interferencias de la radio se dejaba adivinar una voz muda que anunciaba tormentas huracanadas. Quizás se refiera a mi interior, y un vendaval de lagrimas arrase con todo. Por si acaso he ido a comprar un chuvasquero y unas botas de agua, para que no me pille este año con el abrigo de siempre.

Aún confío en que algo cambie este patético argumento. Nunca se me ha dado del todo mal permanecer quieta y esperar a que todo cambie, como por arte de MAGIA.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Los ojos más tristes que he visto jamás.


Aquel domingo, las nubes habían resbalado del cielo y las calles yacían sumergidas bajo una laguna de neblina ardiente que hacía sudar los termómetros en las paredes.
[…]
Junto a él distinguí una figura enfundada en un vestido de alpaca blanca que se me antojó un ángel esculpido en brumas. La observé de reojo, temeroso de encontrar su mirada, que seguía perdida en ninguna parte.
Su rostro y sus brazos vestían una piel pálida, casi traslúcida. Tenía los rasgos afilados, dibujados a trazo firme bajo una cabellera negra que brillaba como piedra humedecida.
Estaba intentando leerle el pulso bajo aquella garganta de cisne cuando se volvió lentamente hacia mí. Sus labios esbozaron una sonrisa tímida y temblorosa. Sus ojos palpaban el vacío, pupilas blancas como el mármol. Tragué saliva. Estaba ciega.



Texto: La sombra del viento. Carlos Ruiz Zafón.
Dibujo: Rafa Navarro.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Moratones y caricias


Antes de abrir los ojos, mira la vida…

Párate en seco un instante y observa todo lo que hay a tu alrededor.


Quizás aún no te has dado cuenta, pero mi piel ya no está conforme con tu forma de escribir, que de moratones y caricias ya ha leido suficientes libros, guardados bajo esa capa de polvo que espero que nunca nadie se atreva a soplar.

Hoy por hoy el viento no agita mi pelo, ni las baldosas tiritan a mi paso. Ya sabes que eso de caminar sin hacer ruido nunca se me ha dado del todo bien, que mis pies siguen el ritmo que siguen las hojas de los árboles al caer sobre el húmedo asfalto.

Si me miras a los ojos quizás te des cuenta de que los océanos que antes encerraban se han secado, y ya no quedan más que áridos iris desteñidos, en busca de pupilas que me sostengan la mirada, porque tú aún no lo sabes, pero mis parpados están cerrados por derribo y mis pestañas, demasiado adormecidas como para curvarse y hacer huelga de suspiros.


Que igual que tú, la vida también se aburre de esperar autobuses repletos de caricias, que no llevan más que al abismo de tu mente, a ese abismo en el que tantas veces me he visto atrapada, entre la mentira y la pared.

martes, 7 de diciembre de 2010

Cartas sin respuesta.

Creo que era de noche cuando me di cuenta de que mi piel estaba tatuada con tu mirada. La vida se ha fumado demasiados cigarrillos desde el momento en el que decidí jugarmelo todo a cara o cruz, rezando por que saliera cruz, porque de dar la cara me temo que aún no soy capaz.

De un tiempo a esta parte no consigo diferenciar lo que digo de lo que callas, y ya no me despeinan los vientos que antes lo hacían, porque ahora paso el dia sumerjida en la tormenta de corcheas que suena en mi mente con el recuerdo de tu risa.

Me di cuenta de que la lluvia apenas moja comparada con la tesmpestad que anida en tu pecho, y me reí a carcajadas mirando al cielo, mientras las nubes nos amenazaban con pronóstico de tormenta.

Siempre fui demasiado imprudente, y le di demasiada importancia a la palabra "perdón".

Pero de eso hace ya tiempo que me di cuenta, y no es necesario volver a tirar una moneda al aire, ni invitar al destino a otro cigarrillo. Lo que ahora precisa es dar la cara, y precisamente ahora no me creo capaz de pintar mis mañanas con trazos de acuarela y envolverlos en papel de celofán.

Últimamente oigo por las noches el arrastrar de cadenas de las bestias que un día decidí encerrar bajo mi cama, y es que si las deje ahí fue por lo que supone para mi susurrarte a gritos lo que siento. Por no saber como explicarte la belleza que tambien a mis ojos producen nuestros cuerpos desnudos al compás de un blues de suspiros, del olor a las sabanas mojadas y el sabor salado de tus labios...

... En realidad no necesito que me digas que me quieres, un sencillo cruce de miradas me es suficiente para descifrar el lenguaje secreto que se alberga en tus pupilas.