Creo que era de noche cuando me di cuenta de que mi piel estaba tatuada con tu mirada. La vida se ha fumado demasiados cigarrillos desde el momento en el que decidí jugarmelo todo a cara o cruz, rezando por que saliera cruz, porque de dar la cara me temo que aún no soy capaz.
De un tiempo a esta parte no consigo diferenciar lo que digo de lo que callas, y ya no me despeinan los vientos que antes lo hacían, porque ahora paso el dia sumerjida en la tormenta de corcheas que suena en mi mente con el recuerdo de tu risa.
Me di cuenta de que la lluvia apenas moja comparada con la tesmpestad que anida en tu pecho, y me reí a carcajadas mirando al cielo, mientras las nubes nos amenazaban con pronóstico de tormenta.
Siempre fui demasiado imprudente, y le di demasiada importancia a la palabra "perdón".
Pero de eso hace ya tiempo que me di cuenta, y no es necesario volver a tirar una moneda al aire, ni invitar al destino a otro cigarrillo. Lo que ahora precisa es dar la cara, y precisamente ahora no me creo capaz de pintar mis mañanas con trazos de acuarela y envolverlos en papel de celofán.
Últimamente oigo por las noches el arrastrar de cadenas de las bestias que un día decidí encerrar bajo mi cama, y es que si las deje ahí fue por lo que supone para mi susurrarte a gritos lo que siento. Por no saber como explicarte la belleza que tambien a mis ojos producen nuestros cuerpos desnudos al compás de un blues de suspiros, del olor a las sabanas mojadas y el sabor salado de tus labios...
... En realidad no necesito que me digas que me quieres, un sencillo cruce de miradas me es suficiente para descifrar el lenguaje secreto que se alberga en tus pupilas.
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