Como si los semáforos pudiesen leerte el pensamiento por mirarlos fijamente durante más tiempo. Eres idiota. Sois idiotas. Sobre todo yo.
A todo el mundo le gusta demostrar lo que sabe, alardear de las maravillosas cosas que son capaces de hacer y decir por sí solitos. Increíble, aplausos para vosotros y para mi un orfidal. El público debería enloquecer, pero parece que no es así, porque ellos tampoco dejan de pensar en las cosas maravillosas que son capaces de hacer, y yo tengo que disimular los bostezos mientras pongo cara de que estoy fascinada. Algún día la vida te dará una ostia en la boca. Os la darán y llorareís al unísono. Ojalá suceda.
Pero ahí no queda la cosa, luego también están los momentos de bajón, en los que uno no se siente del todo seguro de si mismo y necesita alimentarse con las palmaditas en la espalda de la gente al sacar sus escasos defectos al sol. Ridiculos defectos que tan siquiera se parecen a la realidad. Deja de mirarte al espejo y mirate las entrañas, y lugo me cuentas si has encontrado algo. Y yo te daré, os daré una palmadita en la espalda, que la ostia ya nos la dará la vida.
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