

. Yo aquí, preocupada por guardar las apariencias, dejandome la piel por no manchar este estúpido y voluminoso traje de princesa. Tapando todas esas cicatrices, rasguños, arañazos y mordiscos que llevo tatuados en la piel. Lavando mi cuerpo con gel de miel y avellanas para que nadie note el olor de mi sexo. Cavando una honda madriguera donde poder esconderme de todos esos dedos inquisidores que señalan desde lo alto...
Ahora me doy la vuelta y me encuentro con todas esas princesitas que antes sospechaban de mi, convertidas en mujeres con cuerpo de reptil, lengua viperina y la piel tatuada. Con más moratones y mordiscos de los que jamás yo hubiera podido imaginar. Y riendo, no sonriendo, ni gimiendo, ni gritando, no, ¡riendo a carcajadas! con la mandibula totalmente desencajada y el pecho desnudo, palpitando como un miembro en erección. Con los labios manchados de carmín, el pelo alborotado y las vestiduras rasgadas, bebiendo sangre en copas de cristal y comiendo bocas, y alientos, y escrotos y vagínas, como en una orgía de sabores, colores y sudor.
Y mientras tanto... mi piel marchitandose, mis escamas pudriendose y mi garganta estrangulandose poco a poco... Que ya se me quedó pequeño el disfráz de Wendy, y este puto Peter Pan ya ni siquiera entra en sus leotrados... Que por no creer no creo ya ni en los cuentos de hadas... y ahora empiezo a sentirme bien...
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