El pelo de mi abuela, y también su mirada y esa nostalgia que me cuelga de las pupilas.
Las manos y los pies de mi hermano, y la ironía, y el insomnio, y las noches de desvela. Y este patético arte a la hora de plasmar los sentimientos en un papel.
Los nervios de mi madre, y las lágrimas a flor de piel, y esa sensibilidad que empaña los cristales en invierno, y quizás también la nariz y ese lunar en el pecho.
De mi padre la fortaleza, la sinceridad y la serenidad a la hora de afrontar los problemas. Y el egoísmo y "las malas pulgas" también. Y la boca, y las piernas, y los ojos, y muchos secretos y complicidades de esas que se cuentan a media noche.
El cuerpo de mi tía, y la facilidad de sonrisa, y esa manía de pasarme la lengua por los dientes.
... ¿Integridad? ¿Que carajo es eso? ... Si algo me gusta es fragmentarme en trocitos.
¡Que bien sienta eso de quererse de vez en cuando!
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