Sístole // diástolE

jueves, 27 de enero de 2011

Último rayo de sol.

El mundo se desmorona a nuestro alrededor,
y nosotros nos mantenemos abrazados.
Como en señal de protesta.
Nunca nos gustaron los juegos con reglas, ni las quejas exorbitantes.

A nosotros nos basta con un par de metros cuadrados de colchón (a veces incluso menos), y no es necesario que lo digas, ni que yo te lo demuestre... los dos sabemos que lo sabemos,
y no hay más que hablar.

Pero por si acaso, devuelveme el apretón,
mirame en silencio sin decirme que me quieres y que esto es especial, que no están las cosas como para andarse con cuentos, y así no hay a quien le salgan las cuentas.

¿Recuerdas todas las historias que me contaste sobre el caos y el fin del mundo?
... no mires por la ventana. Están callendo los últimos trocitos de cielo sobre el asfalto, y las calles se han teñido de color violeta, ya sé que tu me contaste que todo se mancharía de naranja.
El violeta es mucho más bonito, no puedes negarlo.

Bailaremos el último rock'n'roll, mientras tú me dices al oído -me encanta como hueles- y yo sonrió y me retuerzo por tu aliento en mi cuello. Sabes que siempre me fascinó tu voz, sobre todo cuando permanecíamos en silencio.


Sé que en cualquier momento me harás un gesto con las cejas, y tu sonrisa maliciosa me dirá -Vamos, vuelve a la cama-, yo me haré la remolona, y cuando pienses que ya no hay nada que me pueda convencer, te dejaré que me robes una sonrisa (de esas en las que se ven las dos filas de dientes y se arruga la nariz).

Ya sabes que odio todo lo predecible, pero el humo y la desesperación de ahí afuera hacen que esas cosas ya no me importen...
Tararea de nuevo esa canción marcando con tus dedos el ritmo en mi espalda, y desvisteme. Puede que la próxima explosión no sea muy lejos de estos dos metros cuadrados...

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