[...]
Me eché encima y empecé a besar aquella boca de goma. De cuando en cuando echaba mano a una de las gigantescas tetas de goma y la chupaba. Le había puesto una peluca amarilla y me había frotado con la poción de amor toda la polla. No hizo falta mucha poción de amor, con la del tarro habría para un año.
La besé apasionadamente detrás de las orejas, le metí el dedo en el culo y le di sin parar. Luego la dejé, di un salto, le até los brazos cruzados a la espalda, con el candadito y la llave, y le azoté el culo con los látigos.
¡Dios mío, voy a volverme loco!, pensé.
Después de azotarla bien, volví a metérsela. follé y follé. era más bien aburrido, la verdad. Imaginé perros follando con gatas. Imaginé dos personas follando en el aire mientras caían de un rascacielos. Imaginé un coño grande como un pulpo, reptando hacia mí, apestoso, anhelante de orgasmo. Recordé todas las bragas, rodillas, piernas, tetas y coños que había visto. La goma sudaba; yo sudaba.
- ¡Te amo, querida! - Susurré jadeante en sus oídos de goma.
Me fastidia admitirlo, pero me obligué a eyacular en aquella sarnosa masa de goma. No se parecía en nada a Tanya.
Cogí una navaja de afeitar y destrocé el artefacto. Lo tiré donde las latas vacías de cerveza.
¿Cuántos hombres compran esos chismes absurdos en Norteamérica?
¿No pasas ante medio centenar de máquinas de follar si das una vuelta por cualquier calle céntrica de cualquier ciudad de Norteamérica? La única diferencia es que éstas pretenden ser mujeres.
Pobre Mike el Indio, con su polla muerta de cincuenta centímetros.
[...]
Pobre Tanya, qué poco había comido la pobre... básicamente queso barato y uvas pasas. nunca había deseado dinero, ni propiedades, ni grandes coches nuevos, ni casas lujosas. Jamás había leído el diario de la tarde. no deseaba en absoluto una televisión en color, ni sombreros nuevos, ni botas de lluvia, ni charlas de patio con mujeres idiotas. Jamás había querido un marido médico, o corredor de bolsa, o miembro del Congreso o policía.
Y el tipo de la gasolinera sigue preguntándome:
- Oiga, ¿qué fue de aquello que trajo a hinchar aquel día? Pero ya no me lo preguntará más. Voy a echar gasolina en otro sitio. Y no volveré tampoco a la barbería donde vi la revista del anuncio de la muñeca de goma hinchable de Von B.
Voy a intentar olvidarlo todo.
¿No harías tú lo mismo?
CHARLES BUKOWSKI.
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