Seamos sensatos, nuestros problemas residen en nosotros mismos, y si no es así, si nos vemos abordados por problemas externos y todo nos hace daño y todo es terrible, bueno, entonces siempre podemos recurrir a la locura.
Una de mis terapias pro-locura, pro-noperderlacabeza cada vez que me siento abordada por los problemas (que nos son externos sino propios) es escribir. De hecho, hace unos días encontré otro de esos papelitos que escribo y luego escondo, sin fecha, sin firma, para que apenas pueda reconocerme pasados unos años. El caso es que en este momento de sensatez, de afrontar los problemas como míos y aceptar que solo yo puedo darles solución, me encuentro ese papelito y soy aún más consciente de que llevo demasiado tiempo arrastrando fantasmas tras de mi.
"Han abierto un Kebab enfrente de mi casa
y yo empiezo a sentirme triste.
Pero ese no es el problema.
El problema es que fumo
pero detesto el olor del tabaco.
Supongo que le pasará a muchos fumadores.
El problema es que fumo en mi cuarto
así que siempre tengo la ventana abierta,
y así sustituyo el olor del tabaco
por el de la carne de kebab.
Como ocurrió en Turquía.
Otro problema es la lluvia.
Me encanta que llueva
y ver llover desde la ventana abierta
para que entre el olor a humedad.
Y a kebab. Como en Turquía.
También es un problema la navidad.
Se acercan esas terribles fechas en las que,
coaccionada por la publicidad y los medios,
como un borreguillo más,
me pongo nostálgica
y pienso en las luces de otras ciudades
y pienso en barcos que nunca llegan a un puerto.
Siempre en aguas de nadie...
Lo cierto es que echo de menos Turquía.
Aunque ese no es el problema."
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